Por las características del entorno, límite suburbano en el que la naturaleza amortigua los crecimientos menos cualificados y el planeamiento aún no ha materializado un orden, hemos optado por buscar un diálogo entre lo natural y lo construido.

Se nivela la parcela resultando cuatro plataformas definidas por los usos deportivos. En la cota más baja, el campo de fútbol salvando la diferencia de cotas con gradas. En una cota intermedia, la pista polideportiva y el frontón. La tercera plataforma se dispone como espacio representativo desde donde se organizan los accesos y recorridos bajo las copas del pinar. La última plataforma se eleva discretamente sobre las anteriores permite las conexiones y relaciones con los distintos niveles, albergando las pistas, las gradas y demás dependencias del programa. Cerrada y cubierta por una misma envolvente ligera, adopta el carácter de edificio: el pabellón polideportivo, cuya rotundidad geométrica se establece como instrumento generador de orden. Alberga todas las dependencias del programa, evitando la dispersión en distintas edificaciones.

La claridad volumétrica que el edificio presenta al exterior se torna en luz y transparencias en el interior. La vibración resultante de los ritmos de aperturas en los cerramientos quiere ser reflejo de la misma vibración lumínica que enciende y atraviesa las copas de los pinos.